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Sporting sigue siendo el rey.
actualizado el 29/07/2012 18:32
Desde este último sábado, el rugby de la Unión de Mar del Plata tiene un nuevo monarca. La Copa Santa Bárbara fue para Sporting que venció a San Ignacio por 15 a 11 y grito campeón por segundo año consecutivo.
Por Rodrigo Barcia Troncoso
A Sporting si algo le sobra son pergaminos e historia en este tipo de partidos, no por nada es el equipo más ganador de la URMDP, cosa que a la hora de repasar lo que sucedió en el juego hay que destacar. En frente estaba San Ignacio a un rival difícil, un hueso duro de roer, que demostró tener un orgullo gigante a la hora de disputar el decisivo cotejo.
Partiendo de ello, el partido se jugó como una verdadera final. Fue intenso, trabado, y el que prevalecía en la lucha de fowards sabia que llevaba las de ganar. Y en esto hay que reparar. Los de Valle Hermoso por momentos supieron defender y atacar con una intensidad excesiva, que para lo segundo suma, pero a la hora de chocar te puede jugar una mala pasada.
El cero en el marcador lo iba a romper Lucas Savarino, por intermedio de un penal. Y en este marco se daría el partido para el Albinegro, en donde el apertura tomaría un papel protagónico. Y aquí también comenzarían los problemas para San Ignacio, ya que el exceso de fuerza a la hora de defender los dejaría en jaque más de una vez.
A pesar de ello, los Verdes nunca se escondieron. Y de la mano de Rafael Riego consiguieron pasar al frente por 6 a 3 mediante, cuando no, dos penales a los 14’ y 23’, inclinando la balanza para el lado de ellos durante un prolongado pasaje del match.
Y aprovechando el desconcierto de los dirigidos por la dupla Plaza – Amor, a los 25’ de esta primera etapa San Ignacio sacaría la ventaja más importante que tuvo alguno de los dos en el partido. En una gran jugada en donde prevalecieron en la lucha de los gordos, Esteban Lescar apoyó la pelota en el ingoal de Sporting. Esta luz en el marcador, parecía teñir el desenlace de la tarde de verde y rojo.
Pero Savarino tendría la última palabra del primer tiempo, enviando otro penal a los palos y poniendo el marcador parcial de 11 a 6 para San Ignacio, en una renta a priori cómoda.
El segundo tiempo no nos iba a traer clases de técnica, ya se empezaba a jugar con el corazón. Y en ese momento, en donde las piernas pesaban más que nunca, Sporting supo leer el partido, y tuvo una virtud que fue clave para alzarse con la victoria. De la mano de Eduardo Zapiola, que le tomó muy bien el pulso al partido, se le agregó una pausa, paciencia, a ese vendaval que suelen ser los Maristas.
Al tener que luchar con un ríspido pack de fowards, los pases del “Ruso” le bajaron la ansiedad al equipo que venía remando desde atrás. Una muestra de ello, fue que tuvieron que esperar 23 minutos para que Lucas Savarino, figurita repetida de la tarde en Santa Celina, les diera tres más por intermedio de otro penal. Y 8’ más tarde, el diez en calcada acción les daría la ventaja por 12 a 11.
San Ignacio recibía el golpe como un boxeador que no quería besar la lona, y con el orgullo como estandarte se jugaba el todo por el todo. La mínima ventaja era un escollo fácil de capear, más si se cuenta con buenos pateadores en tu XV. Pero pasarían 5 minutos, y en una jugada, el juego daría un giro inesperado.
Matías Irairte, que hasta allí tenía una actuación con altibajos, se puso el traje de súper héroe y sacó de la galera un drop que no cabía en el libreto del partido que se estaba disputando. El desahogo fue un estruendo que cortó el tenso aire en Celina, y que decía que a falta de 6’ para el final un try era la llave que le daría la copa a San Ignacio.
Y el Verde fue, luchó, batalló, quiso agotar las instancias, pero las primeras líneas del albinegro dieron la cara, y el partido murió en un agónico 15 a 11.
Ya con el 15 a 11 indeleble en la pizarra, se desató el carnaval en la parcialidad del IPR Sporting Club, el más ganador con 24 títulos en la historia de la Unión de Mar del Plata. Los números son anecdóticos, los Maristas gozaron una victoria que se les hizo rogar.
Párrafo aparte para San Ignacio, el más digno de todos los rivales que tuvo Sporting en el año, equipo que lo puso de rodillas en momentos del partido, pero que le faltó lectura para desenmarañar el cordón de protección que le propuso el rival. Más allá de ello, los de Verde son el orgullo de ese gran número de hinchas que los alentaron del otro lado del alambre.
Cuando Zapiola levantó la Copa Santa Bárbara hubo aires de misión cumplida. El bicampeonato es un hecho que, sumado a los campeonatos conseguidos en pre intermedia e intermedia, vino a cerrar un 28/7 glorioso para Sporting, que sigue siendo el rey.
Por Rodrigo Barcia Troncoso
A Sporting si algo le sobra son pergaminos e historia en este tipo de partidos, no por nada es el equipo más ganador de la URMDP, cosa que a la hora de repasar lo que sucedió en el juego hay que destacar. En frente estaba San Ignacio a un rival difícil, un hueso duro de roer, que demostró tener un orgullo gigante a la hora de disputar el decisivo cotejo.
Partiendo de ello, el partido se jugó como una verdadera final. Fue intenso, trabado, y el que prevalecía en la lucha de fowards sabia que llevaba las de ganar. Y en esto hay que reparar. Los de Valle Hermoso por momentos supieron defender y atacar con una intensidad excesiva, que para lo segundo suma, pero a la hora de chocar te puede jugar una mala pasada.
El cero en el marcador lo iba a romper Lucas Savarino, por intermedio de un penal. Y en este marco se daría el partido para el Albinegro, en donde el apertura tomaría un papel protagónico. Y aquí también comenzarían los problemas para San Ignacio, ya que el exceso de fuerza a la hora de defender los dejaría en jaque más de una vez.
A pesar de ello, los Verdes nunca se escondieron. Y de la mano de Rafael Riego consiguieron pasar al frente por 6 a 3 mediante, cuando no, dos penales a los 14’ y 23’, inclinando la balanza para el lado de ellos durante un prolongado pasaje del match.
Y aprovechando el desconcierto de los dirigidos por la dupla Plaza – Amor, a los 25’ de esta primera etapa San Ignacio sacaría la ventaja más importante que tuvo alguno de los dos en el partido. En una gran jugada en donde prevalecieron en la lucha de los gordos, Esteban Lescar apoyó la pelota en el ingoal de Sporting. Esta luz en el marcador, parecía teñir el desenlace de la tarde de verde y rojo.
Pero Savarino tendría la última palabra del primer tiempo, enviando otro penal a los palos y poniendo el marcador parcial de 11 a 6 para San Ignacio, en una renta a priori cómoda.
El segundo tiempo no nos iba a traer clases de técnica, ya se empezaba a jugar con el corazón. Y en ese momento, en donde las piernas pesaban más que nunca, Sporting supo leer el partido, y tuvo una virtud que fue clave para alzarse con la victoria. De la mano de Eduardo Zapiola, que le tomó muy bien el pulso al partido, se le agregó una pausa, paciencia, a ese vendaval que suelen ser los Maristas.
Al tener que luchar con un ríspido pack de fowards, los pases del “Ruso” le bajaron la ansiedad al equipo que venía remando desde atrás. Una muestra de ello, fue que tuvieron que esperar 23 minutos para que Lucas Savarino, figurita repetida de la tarde en Santa Celina, les diera tres más por intermedio de otro penal. Y 8’ más tarde, el diez en calcada acción les daría la ventaja por 12 a 11.
San Ignacio recibía el golpe como un boxeador que no quería besar la lona, y con el orgullo como estandarte se jugaba el todo por el todo. La mínima ventaja era un escollo fácil de capear, más si se cuenta con buenos pateadores en tu XV. Pero pasarían 5 minutos, y en una jugada, el juego daría un giro inesperado.
Matías Irairte, que hasta allí tenía una actuación con altibajos, se puso el traje de súper héroe y sacó de la galera un drop que no cabía en el libreto del partido que se estaba disputando. El desahogo fue un estruendo que cortó el tenso aire en Celina, y que decía que a falta de 6’ para el final un try era la llave que le daría la copa a San Ignacio.
Y el Verde fue, luchó, batalló, quiso agotar las instancias, pero las primeras líneas del albinegro dieron la cara, y el partido murió en un agónico 15 a 11.
Ya con el 15 a 11 indeleble en la pizarra, se desató el carnaval en la parcialidad del IPR Sporting Club, el más ganador con 24 títulos en la historia de la Unión de Mar del Plata. Los números son anecdóticos, los Maristas gozaron una victoria que se les hizo rogar.
Párrafo aparte para San Ignacio, el más digno de todos los rivales que tuvo Sporting en el año, equipo que lo puso de rodillas en momentos del partido, pero que le faltó lectura para desenmarañar el cordón de protección que le propuso el rival. Más allá de ello, los de Verde son el orgullo de ese gran número de hinchas que los alentaron del otro lado del alambre.
Cuando Zapiola levantó la Copa Santa Bárbara hubo aires de misión cumplida. El bicampeonato es un hecho que, sumado a los campeonatos conseguidos en pre intermedia e intermedia, vino a cerrar un 28/7 glorioso para Sporting, que sigue siendo el rey.
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